Cuando amanece

Despertarme temprano, encender la radio y que los locutores parezcan haberse sumado a la aventura de la vigilia. Levantar la persiana y ver que las casas aún duermen, ajenas al paso de los minutos del despertador y al camión de la basura, que ya hace su ronda. Dejar que la Luna, que hoy es una C que da nombre al cielo, alumbre la estancia desde su trono de cristal. Seguir el perfil de los tejados, sombras recortadas contra la noche que clarea. Oler el borboteo del café, la tinta del quiosco que abre, la hierba del parque. Salir a la terraza y oír el trino de una convención de pájaros. Resguardarme en casa, con palomitas y manta, para asistir a la película del amanecer desde la ventana. 

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