Siesta

Sábanas, sombras, un libro tumbado, la persiana a medio bajar, un cuadro, la ropa amontonada en la silla, el paladar seco y los ojos entumecidos. Cabeza sobre almohada, sin saber si han sido solo unos minutos, si te has llegado a dormir o si solo has pasado por una duermevela de pensamientos volátiles. 

Fuera la calle insomne, bostezando de calor. Entonces, el milagro de las primeras gotas, y después muchas más en procesión: cae la lluvia de las nubes azules, y despierta renovada la tarde. Los domingos no solo traen finales.  

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