La conga

Estábamos reconcentradas siguiendo la coreografía a ritmo de cumbia, cuando de pronto la profesora de baile dijo: “¡Congaaaaaa!”

Y entonces, tras un momento de estupor, las cuatro filas llenas de espacios infranqueables se desmoronaron y pudimos correr por toda la sala, buscando una cintura a la que aferrarnos, formando un círculo de carcajadas sorprendidas, una fiesta improvisada capaz de desarmar al lunes más agorero.

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