En agosto

Agosto, frío en rostro. Eso me solían decir. Las noches de acortan en agosto, y aquí en el norte empieza a correr una brisa fresca que trae aromas de la ría y graznidos de gaviota. Pero el sol no quiere ponerse, no todavía, y se dedica a resbalar en formar geométricas por la fachada, por los toldos, y por la acera, dejando fragmentos de luz y fragmentos de sombra. Gracias a él, el cielo sigue insistentemente azul aunque dentro de las casas haya que iluminarse con una lámpara y con la pantalla del ordenador. Bendito agosto.

 

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