Reflexiones, Vida cotidiana

Nos hemos vuelto tontos

Esta semana me he dado cuenta de que lo nuestro como sociedad ya no tiene vuelta atrás. Nos hemos vuelto tontos, y es definitivo. Lo he constatado tras ver el anuncio del Bollycao® Zero. “Zero”, tócate el peluquín. Sin azúcares añadidos. Sanísimo, vaya. Perfecto para darle la merienda al nene o al prepúber y que esté a tope de energía futbolera (en estos anuncios, los niños casi siempre salen jugando al fútbol). Qué horror. 

Entro en la página web del producto para informarme, y me encuentro cómicos apartados en los que se subraya su alto contenido en hierro, así como el hecho de que es el único bollo que ostenta el dudoso honor de estar relleno de cacao. Aunque lo que en realidad me indigna es que en este tipo de anuncios siempre sea una madre, una madre joven y guapa, para más señas, la que provea a sus vástagos de alimento nutricional, manque procesado y envasado. 

¿Por qué nunca aparece un padre? ¿Por qué se da a entender que las “mamás”, como se autodenominan algunas mujeres memas ahora, han de estar en casa a la hora de la merienda, elegantemente vestidas y con la cocina impoluta ? ¿Qué seres retrógrados y misóginos realizan ese tipo de anuncios? Sigue habiendo un machismo apabullante en el mundo de la publicidad que promueve un modelo de familia en el que la mujer no tiene otra ambición que entregarse al cuidado de los hijos y del hogar al tiempo que quiere ser una mujer de hoy, arreglada pero informal, elegante pero discreta. 

Y lo que me preocupan no son los anuncios, que están hechos por personas que no tienen dos dedos de frente, sino el hecho de que haya féminas que quieran emular unos trasnochados modelos de perfección que, en lugar de disminuir, aumentan por culpa de redes como Youtube o Instagram, plagadas de pánfilas obsesionadas con mostrar cómo decoran su casa, qué outfit (válgame Dios) han elegido para ir al súper o qué consejillos dan a sus seguidoras para que la crianza de sus retoños sea un mar de sonrisas sin lágrimas.

¿Zero, decía el anuncio? Cero neuronas, diría yo. Si Simone de Beauvoir levantara la cabeza… 

Familia, Vida cotidiana

Sobre todo, mamá

Las madres de Instagram me proporcionan un material de escritura valiosísimo. De hecho, esa red social no tiene precio para realizar estudios sociológicos en torno al ámbito familiar. Se le pueden sacar chispas. 

El otro día ya hablé de ellas y de su afición a retransmitir las intimidades de sus vástagos. No es una actitud que apoye, aunque he de confesar que algunas lo hacen  con un gracejo tal que te parece estar siguiendo una novela por entregas.

Luego están las otras, las superñoñas. Las que se definen a sí mismas como “Fulanita, amante de hacer punto, de las croquetas de la abuela y de Pituflú y Pituflá, mis queridos vastaguitos”. O las que, directamente, se presentan sin nombre y escriben “Mamá de Gumersindo y Melquiades”.

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Con todo, las peores de la clasificación son las que rellenan así su perfil: “Mengana: Decoradora, blogger y mamá de dos niñas emperifolladas. Sobre todo, mamá”. ¡Puaaaaaj! 

Esa última frase me estomaga. Pertenece a las abanderadas del “mis hijos me hacen sentir completa”y del “no conocí la felicidad hasta que parí a Botijín, mi promogénito”. A las amantes del intercambio de detalles sobre la lactancia y las citas con el pediatra. A las adoradoras del rey o la reina de la casa.

Para todas ellas, tengo una mala noticia. Ese bebé, ese niño, ese púber granujiento… Crece. Seguirán siendo sus madres, pero ese adulto hará su vida y ellas tendrán que cambiar de estado en Instagram (a no ser que quieran pasar al modo “sobre todo, abuela”). 

Si en el futuro tengo hijos, es bastante probable que ande “babicaída” por la vida, que sean lo que más quiera de este mundo y que me desviva por que sean felices. Eso sí, espero que sepan que su “mamá” no es una prolongación de su cuerpo.

De hecho, la experiencia me ha demostrado que cuando más he aprendido de mi madre no ha sido cuando se ha volcado en que tengamos las necesidades cubiertas, sino cuando ha invertido tiempo en sí misma, con nombre propio, no solo mamá.