Humor, Música, Recuerdos, Vida cotidiana

Salvada por la música

Ayer, mientras preparaba una presentación al tiempo que escuchaba a Rafa Pons a través de Spotify, me pregunté cómo había superado las largas (y a veces tediosas) jornadas de deberes en el colegio: derivadas e integrales, frases para traducir al euskera, actividades de rellenar huecos en inglés, formulación química, perspectivas isométricas… ¿Cómo narices había llevado eso a cabo sin rechistar?

Una de las razones era la presión, la imposibilidad de dejarlo para más tarde. La fecha límite para cualquier cosa no estaba en el horizonte, sino que solía ser el día siguiente a cuando nos la habían mandado. Eso generaba una sensación de ahogo permanente, pero desde el inicio del curso nos advertían de que “así es la vida, muchachos, así que abstenéos de protestar”.

Otra de las causas era el entretenimiento en pequeñas dosis: el recuerdo de la payasada de un compañero de clase, las visitas al cajón del chocolate, las ocasionales interrupciones para charlar un rato a través del Messenger, la llamada de una amiga, la aparición de mi padre o mi de madre para avisarme de que la cena estaba lista… Todo eso le daba vidilla a mi enclaustramiento vespertino.

Pero el otro motivo, el que de verdad me permitía atravesar aquellas escarpadas horas de tareas escolares sin sufrir en exceso, no era otro que la melodiosa voz de los cantantes que me ofrecían sus letras a través de la radio, las palabras de ánimo de los locutores o la repetición en bucle del disco de Ismael Serrano, de Silvio Rodríguez, de Christina Aguilera o de Operación Triunfo (siempre he sido un poco ecléctica en mis gustos musicales).

De no ser por la música, no sé si habría sobrevivido.

Música

Vuelta a mi época cantautoril

He vuelto a mi época cantautoril después de un largo tiempo de letargo gracias a Molinos, que mencionó haber estado escuchando a Rafa Pons, y a un amigo de Facebook que le dio a “me gusta” en uno de sus vídeos más cachondos, llamado “Follón Kilombo”.

En realidad, fue a partir de ese vídeo que llegué a su disco Disimula en Spotify, y no puedo disimular que las letras me gustan porque en la biblioteca se me mezclan con la bibliografía secundaria de mi tesis, y así surgen combinaciones tan raras como una borde es una ortiva y un garche un polvito y el orden simbólico del patriarcado y la forma de expresar la identidad.

Una de mis canciones favoritas es “Buenos Aires”. Esa la escuché en el autobús, justo cuando estaba llegando a mi destino, en uno de esos grandes momentos autobuseros viajeros en los que me pongo profunda y asocio el paisaje y los viandantes con la letra y todo parece un videoclip muy buen montado. Si no se les echa un poco de teatro, las mañanas se hacen muy aburridas.

Y “Buenos Aires”, además, es muy visual y da para ponerse porteña y melancólica cual tango. Te pongo un ejemplo de la letra:

Los versos vuelan, las calles bailan,

el sol te quiebra, el aire te mata;

la noche no se acuerda de dormir. 

Suena a himno, y la melodía repetitiva hace que te la intentes memorizar. Yo soy muy fan de aprenderme las letras y dar la murga con ellas a quien tengo cerca, sobre todo si incluyen palabras que no conozco, o nombres propios de lugares que no he visitado.

Para que tú también te enamores de la canción de autor, he aquí el vídeo correspondiente a esta canción bonaerense:

Reflexiones, Vida cotidiana

Corazón hambriento

27 years, 27 years old
Only thing I know, the only thing I get told
I gotta sell out if I want to get sold
Don’t want the devil to be taking my soul
I write songs that come from the heart
I don’t give a fuck if they get into the chart, or not
Only way I can be, is to say what I see
And have no shadow hanging over me
I don’t know where I’m running but I know how to run
‘Cause, running’s the thing I’ve always done
I don’t know what I’m doing but I know what I’ve done
I’m a hungry heart, I’m a loaded gun

Esto es lo que canta Passenger en su canción 27, en la que hace recuento de lo aprendido en sus veintisiete años de vida. La descubrí meses antes de cumplir esta edad, y pensé que podía hacerla mía, pues era un buen resumen de lo que había aprendido yo también:

  • Que la vida es para ser auténticos, para ser fieles a nuestros principios y para dedicarnos a aquello que nos gusta, al margen de la crítica y del éxito.
  • Que la existencia, más que ambicionar logros cada vez mayores, consiste en sacar todo el provecho posible del presente, que ya nos llevará donde haga falta.
  • Que los días hay que cogerlos con deseo, que no hay que perder la curiosidad.
  • Que hay que seguir teniendo el corazón hambriento (y el estómago también, añado yo), sean cuales hayan sido nuestras experiencias pasadas o las que están por venir. 

Que solo se vive una vez.

Aquí podéis ver el videoclip de la canción:

 

Vida cotidiana

Don’t be “moñas”, it’s Monday!!!

Ayer la radio me despertaba a las 6:30 con la voz de Ismael Serrano, que balaba así: Últimamente ando algo perdiiiiidoooo...

Y  yo le contestaba, con la mente rebozada en sueños: pues yo ando de un dormiiiiidooooo, ¡que no te haces idea! 

Y él seguía: me han vencido viejos fantasmas, nuevas rutinas… 

¿Ah, sí? Pues a mí me está venciendo la almohada, y la rutina de hacer zumba a horas intempestivas me está cabreando, rebatía yo para, acto seguido, girar sobre mí misma y dejarme arrullar por Morfeo.

A las siete ya no pude remolonear más. Tenía que hacer la bolsa de deporte, desayunar y dirigirme a la clase de baile. Ninguna de esas tres actividades me apetecía un carajo. Mi desmotivación era tal que mi niña interior -a la que llamaremos Ira– empezó a rebullirse angustiada: ¡No quiero ir! ¡Mejor sigo durmiendo! ¿Por qué te apuntaste? ¡NO QUIEROOOOO!

La Iraide adulta intentó aplicar el pensamiento positivo en ella: ¡Ánimo, bonita! ¡Ponle una sonrisa a tu lunes! Si te encanta menearte al ritmo de la música: ¡Maaaambo, cha-cha-chá, esta cumbia es genial! 

Ira me respondió airada, valga la redundancia: DON’T BE “MOÑAS”, IT’S MONDAY!!!

Tuve que darle la razón. En aquel momento, danzar al son de la música del Caribe era lo último en mi lista. Mi cartilla del sueño tenía saldo negativo, sentía nostalgia del fin de semana y solo me apetecía jurar en arameo e increpar. Sonreírle a una mañana de lunes era sadismo a lo Mr. Wonderful:

¿Temerme? ¿Con estas ojeras y estos pelos a la virulé?
¿Temerme? ¿Con estas ojeras y estos pelos a la virulé?

Por suerte, llegamos al justo medio de la resignación: Si vas al gimnasio es porque necesitas hacer ejercicio, y bailar sigue siendo mejor que hacer spinning, ¿a que sí? Con ganas o sin ellas, ¡no te quedan más eggs que ir! 

Y, la verdad, con esa conclusión huevera las dos partes enfrentadas se reconciliaron y una hora más tarde me encontraba pegando botes al son de Pitbull.

Eso sí, nunca dejaré de tenerles ojeriza a los ojerosos lunes. 🙂