Poemas, Reflexiones

Sin medida

Medimos.

Medimos el número de palabras que escribimos.

Los pasos que damos.

Los minutos que dedicamos a trabajar,

y los minutos que dedicamos al descanso.

Medimos las páginas de un libro.

Los días de la semana.

Los días que faltan para las vacaciones.

Medimos lo que dura un trayecto.

Las tareas que hemos tachado.

Lo que hemos tardado en terminar los deberes.

Las horas que faltan para que suene la alarma.

El tiempo que nos queda,

ese no lo queremos medir,

pero nos lo pasamos

midiendo sin medida.

Humor, Música

Ahora que…

Ahora que la flamenca es de colores
ahora que hay iconos para tó
ahora que el Whatsapp es un palacio,
donde nunca falta espacio
pa’ mandarte un corazón…

Ahora que un silbidito me saluda,
ahora que me doctoro en emojis,
ahora que una pantalla, aunque muda,
me sirve de más ayuda
que usar papel y boli.

Ahora que el móvil me acompaña
lunes, martes y fiestas de guardar
ahora que sin los datos no te apañas,
y a mí me entra la migraña
si el wi-fi se me va.

Ahora que tengo un 3G
que no tenía,
ahora que un tick azul es
pura alegría,
ahora que está descargada,
y requeteinstalada
la última versión;
ahora que mandas virales
para incordiar,
o fotos de vacaciones
para chinchar,
ahora es cuando yo pienso:
¿no sería más bello,
darnos cita en un bar?
 

Poemas, Poesía

El bosque del recuerdo

Recuerdos recurrentes.

Recuerdos ordenados.

Recuerdos en la punta de la lengua.

Recuerdos resistentes

al agua del olvido.

Recuerdos enmarcados.

Recuerdos olfativos.

Recuerdos camuflados.

Recuerdos «me sorprende que te acuerdes».

Recuerdos programados cada año.

Recuerdos enterrados

como el cofre del tesoro.

Recuerdos de uno mismo, que era otro.

Recuerdos «qué ha sido de nosotros».

Recuerdos que han sido manipulados.

Recuerdos «casi lo había olvidado».

Recuerdos que te envían de otros bosques.

Recuerdos que la memoria ha borrado.

Prosa poética, Reflexiones

Cuando amanece

Despertarme temprano, encender la radio y que los locutores parezcan haberse sumado a la aventura de la vigilia. Levantar la persiana y ver que las casas aún duermen, ajenas al paso de los minutos del despertador y al camión de la basura, que ya hace su ronda. Dejar que la Luna, que hoy es una C que da nombre al cielo, alumbre la estancia desde su trono de cristal. Seguir el perfil de los tejados, sombras recortadas contra la noche que clarea. Oler el borboteo del café, la tinta del quiosco que abre, la hierba del parque. Salir a la terraza y oír el trino de una convención de pájaros. Resguardarme en casa, con palomitas y manta, para asistir a la película del amanecer desde la ventana.