Vis cómica

Después de un bañito en el hotel donde estábamos alojados y la autoestima por las nubes por haber ganado al chinchón y al mentiroso, me entregué a mis labores como modelo.

Ante mí, un espacio con columpios, toboganes y hierba que contrastaban verdes con mi inmaculado vestido, y un mozo de buen ver -mi novio- que había accedido a retratarme en las distintas localizaciones mientras yo reproducía poses que a mí se me antojaban gráciles y etéreas pero que, una vez revisadas, me hicieron constatar que tiro más a José Mota que a Elsa Pataky.

¡Qué era aquello, Dios mío! El moño estilo nipón, que tan bien se había ajustado a mi cocorota, era un higo chumbo a punto de caerse de un árbol. Los brazos me pendían cual fardos a ambos lados de la parte superior del vestido, ese fruncido al que llaman nido de abeja.

¿Y qué decir de mi expresión ardillesca? Parecía que me iba a poner a rascar bellotas con los dientes en cualquier momento. Por no hablar de la cara de yonqui de la velocidad montada en el columpio…

Pero entonces, le di la vuelta a la tortilla. La culpa no era mía, sino del fotógrafo. No sabía sacarme favorecida. Bueno, no, eso no era justo. Para ser sinceros, él había hecho lo que había podido. La causa de aquel desbarajuste era mi vis cómica.

Yo había nacido para la comedia, para la jarana, para hacer el ganso. Ya de niña, las poses no me salían de forma natural. Eso sí, aparecía natural y asilvestrada, con la boca abierta, el ceño fruncido y mirada malvada.

En fin, qué le vamos a hacer. No soy carne de catálogo, a no ser que sea circense.

Pero me lo paso como una enana.

La “Tortuguesa”: El nuevo invento de Burriquín

Cuando hay hambre no hay pan duro, ni piños que se le resistan. Este popular dicho ha protagonizado la presentación de la “Tortuguesa”, nuevo producto estrella de la conocida cadena de hamburguesas Burriquín, obra original del chef Arturo Ponlamesa.

El artífice de tamaña grandeza explica que halló la inspiración culinaria mientras hacía snorkel en las Islas Galápagos, y asegura que en su creación se han empleado los productos más frescos e imperecederos: “si he escogido la tortuga como elemento principal ha sido por su longevidad. No se echa a perder como la carne de vacuno”, ha reconocido el reputado cocinero.

Pero, ¿qué podemos encontrar en la “Tortuguesa” además de la clásica combinación de tomate, lechuga, cebolla y aliño de mayonesa? “Una textura crujiente y un reto para el paladar y los premolares”, ha apostillado Ponlamesa. 

Aquellos valientes que se han decidido a probar este atrevido invento, que acerca la nouvelle cuisine a las grandes superficies, declaran que, como siempre sucede, la publicidad es engañosa: “Las tortugas que preparan aquí son unas rancias”, protestaba una señora insatisfecha. “¡Si la mía me ha pegado un tarisco justo cuando iba a hincarle el diente!”

Otros cliente se quejaba de que no ofrecían “Tortuguesas” sin gluten. “¡Con la ilusión que le hacía a mi hijo zamparse una y el hambre que tengo yo! ¡Esto es un trato vejatorio y voy a denunciarlo!” 

Las tortugas, por su parte, iniciaban una manifestación a la puerta de uno de los locales para protestar la explotación laboral a la que estaban siendo sometidas. “Que nos usen para reírnos de los seres humanos, pase”, argumentaba un tal Michelangelo, “pero que empleen ingredientes tan nefastos atenta contra el buen gusto. ¡Con lo rica que es la dieta mediterránea!”

Esta visto que nunca llueve a gusto de todos.