Llueve

Lleva días lloviendo. A veces la lluvia cae sobre los edificios como una manta, como si estuvieran tirando baldes desde el cielo, y en otras ocasiones, como hoy, es como si un niño estuviera jugando, montado en una nube, a regar los árboles que hay debajo. 

Es una lluvia simpática, una lluvia niña, juguetona, que deja gotas claramente diferenciadas sobre la terraza, redondas como el confeti. Una lluvia que te dan ganas de recibir con un paraguas colorido, mientras el sol está en pleno rifirrafe con las nubes para que le dejen ver cómo se presenta el día para los habitantes de esta ciudad. 

 

 

Siesta

Sábanas, sombras, un libro tumbado, la persiana a medio bajar, un cuadro, la ropa amontonada en la silla, el paladar seco y los ojos entumecidos. Cabeza sobre almohada, sin saber si han sido solo unos minutos, si te has llegado a dormir o si solo has pasado por una duermevela de pensamientos volátiles. 

Fuera la calle insomne, bostezando de calor. Entonces, el milagro de las primeras gotas, y después muchas más en procesión: cae la lluvia de las nubes azules, y despierta renovada la tarde. Los domingos no solo traen finales.  

Singing in the rain

Ayer por la mañana paseé por la calle llena de paraguas, con ese olor a primavera plúmbea que ha adquirido abril, con ganas de ir a casa porque todavía hacía frío, y entonces me fijé en las baldosas, y en lo que esconden.

Cuando hacen sol y las pisas, son lisas y un poco ásperas, pero con la lluvia se vuelven cristalinas, reflejo de lo que pasa arriba. Y entonces me pregunto si el mundo de debajo de nuestros pies es igual de soso, si tiene la misma prisa, o si, por el contrario, en él cantamos mientras el agua nos salpica. Como Mary Poppins y Bert, tendré que pintar un cuadro sobre una de esas losetas para pasar al otro lado y comprobarlo.